Por el riesgo de hemorragia subaracnoidea, un riesgo que se entiende bien si echamos una ojeada a la estructura de los vasos intracraneales.
Aunque la túnica media y la túnica adventicia están presentes en los vasos intradurales, su grosor es solamente un tercio del que presentan en sus porciones extradurales, con la gran mayoría de las fibras elásticas ubicadas en una lámina elástica subendotelial. Esta diferencia explica la historia natural marcadamente diferente de las disecciones arteriales intradurales en comparación con las extradurales. Cuando una rotura atraviesa la mencionada capa elástica subendotelial, hay poco tejido que impida la extensión al espacio subaracnoideo, lo que explica la tasa muy alta de hemorragia subaracnoidea. Si nosotros anticoagulamos al paciente, el riesgo se incrementa, con consecuencias potenciales mucho más catastróficas.
Ahora bien, hay una segundo detalle que puede resultar muy relevante en la práctica, que nos lleva a una segunda pregunta: ¿En qué punto exacto se convierten los vasos en intradurales? Pues esta transición se produce, en el caso de las carótidas, en su porción C6, mientras que las arterias vertebrales se hacen intradurales en su segmento V4 (donde emiten la arteria espinal anterior y la PICA).

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